Recientemente, la pantalla chica se ha nutrido de una propuesta nueva que llegó a los hogares para llenarlos de música, de drama, como así también de mucha autenticidad. Se trata nada menos que de Mariliendre, la flamante serie musical de Atresplayer que promete ser mucho más que entretenimiento y se perfila como una verdadera y vibrante celebración del colectivo LGTBIQ+, particularmente de los hombres homosexuales y sus amigas, llamadas mariliendres.
Creada por Javier Ferreiro y con producción de los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi), esta ficción se apropia de un término que durante un tiempo fue despectivo, con el objetivo de resignificar y de festejar la valiosa amistad que se desarrolla entre los hombres homosexuales y las mujeres heterosexuales. De lo que se trata es de una comedia musical que transita entre el realismo y la fantasía con soltura y de manera divertida, invitando a los espectadores a recorrer un viaje emocional repleto de ritmos pegadizos que acompañan reflexiones profundas.
Amistad, drama y representación LGTBIQ+: el corazón de la historia
El punto de partida de la fascinante serie Mariliendre se ubica junto a Meri Román, personaje interpretado por Blanca Martínez. Tras la muerte de su padre, Meri, que supo ser la incondicional mariliendre en su juventud respecto de su grupo de amigos, comienza a hacer un esfuerzo por recordar su pasado. Este proyecto se convierte en el hilo conductor que conecta dos épocas, permitiendo que la serie explore las experiencias del colectivo LGTBIQ+ y su evolución.
Algo que vuelve a la serie un fenómeno adictivo tiene que ver con que la narrativa se desarrolla con una cinematografía efectista y un ritmo sumamente ágil, con un elenco que abraza la historia con honestidad. Para eso, el guion se mueve entre la emoción, la euforia, la nostalgia y el humor negro, tocando fibras sensibles a lo largo de la historia. Otro de los grandes protagonistas de este contenido es Martín Urrutia en su debut actoral, acompañado, junto a Blanca Martínez, de Carlos González, Omar Ayuso, Yenesí y Álvaro Jurado.
Es importante destacar que Mariliendre es considerada una serie LGTBIQ+ debido a que, más allá de la diversión, la maestría cinematográfica y la música, no rehúye de las problemáticas que enfrentaba y sigue enfrentando el colectivo. A lo largo de la historia se abordan temas complejos como el consumo de drogas, la discriminación social y los hábitos sexuales. Ello, siempre desde una perspectiva que, al tiempo que identifica los conflictos, también los reivindica. No lo hace banalizando esas realidades, sino explorándolas desde la fantasía, permitiendo cantar odas a las drogas y situándose en un realismo que contribuye a reflexionar sobre temas como la soledad.
El viaje musical de Mariliendre
Como hemos mencionado previamente, Mariliendre es sin lugar a dudas un contenido musical. La historia avanza a través de actuaciones vibrantes que incluyen canciones originales, como así también versiones de himnos populares. Con el objetivo fundamental de lograr una verdadera fantasía musical, la producción ha contado con la dirección en música de Pablo Lluch y Vic Mirallas, como así también con la coreografía de Belén Martí. En este marco, los actores debieron enfrentar el desafío de combinar la interpretación actoral con el baile y el canto en un proceso que, si bien podía generar nerviosismo al comienzo, fue acompañado de cerca por la coreógrafa.
Un detalle particular de la producción que es interesante mencionar es que, si bien es cierto que Blanca Martínez da vida a Meri Román, es en realidad Bea Fernández quien presta su voz para las canciones interpretadas por este personaje. Fernández se mostró encantada con poder formar parte de esta experiencia, indicando que fue invitada a interpretar las canciones a ciegas, “como si fuera una actriz”. Lo que esta colaboración vocal permite observar es el gran cuidado que todos los participantes y desarrolladores de esta serie han puesto en todos y cada uno de los aspectos artísticos de la misma.
Para concluir, podemos afirmar que Mariliendre es esencialmente una declaración que sostiene fuertemente que las personas del colectivo han estado aquí, están aquí y estarán aquí y, además, que la vida con ellas es mucho más divertida e interesante. Un grito de visibilidad, de existencia y de alegría a pesar de los problemas y los dramas.





