Cada 26 de abril el mundo se detiene para reconocer una lucha que fue silenciada durante décadas por un “espeso muro de silencio”. El Día de la Visibilidad Lésbica no es simplemente una fecha en el calendario. Es una representación, un acto de resistencia colectiva frente a un sistema que históricamente intentó relegar el deseo entre mujeres al ámbito privado, al ostracismo y a la inexistencia pública.
En este año 2026, al mirar hacia atrás, podemos comprender que la visibilidad ha sido la herramienta política más potente para transformar la cultura y garantizar que las lesbianas dejen de ser un “apéndice” en las políticas públicas para convertirse en sujetos de su propia historia.
El origen del Día de la Visibilidad Lésbica
El origen del Día de la Visibilidad Lésbica se remonta formalmente al año 2008 en España. Fue una iniciativa impulsada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), específicamente desde su Área de Políticas Lésbicas. Ese es el año que se declaró como el año temático de la visibilidad. Aunque la elección de la fecha fue arbitraria y no conmemora un suceso histórico específico, se estableció fundamentalmente para reclamar el papel que las mujeres lesbianas merecen en el espacio público y en los medios de comunicación.
Un pilar fundamental de esta efeméride es el homenaje a figuras como Jennifer Quiles, periodista y activista fallecida en 2005, quien escribió el primer manual de autoayuda para lesbianas en España, titulado “Más que amigas”. Tras su nacimiento en España, la conmemoración se extendió rápidamente a otros países de habla hispana como México, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. Naciones como Argentina, Brasil y Chile mantienen sus propias fechas nacionales para esta conmemoración.
Un recorrido por la historia de la visibilidad lésbica
La historia de la visibilidad lésbica está marcada por una transición desde la “invisibilidad estructural” hasta la ocupación de las instituciones. Durante la dictadura franquista en España, las lesbianas sufrieron especialmente una represión diferenciada de la de los hombres gais. Ellos estaban perseguidos penalmente, pero ellas sometidas a una violenta represión social, religiosa y psiquiátrica que las obligaba a un armario ineludible y, en casos extremos, a terapias de electrochoque.
A pesar de este pasado de silencio, el activismo ha logrado hitos fundamentales en lo que refiere a los derechos lésbicos. Desde la legalización del matrimonio igualitario en 2005 hasta la recuperación en 2021 del derecho al acceso a técnicas de reproducción asistida para mujeres solas y lesbianas en el sistema público de salud, el marco legal ha avanzado considerablemente.
Un momento histórico que es importante destacar fue el encuentro de 2022 en el Ministerio de Igualdad, donde por primera vez 70 mujeres lesbianas se reunieron con el Gobierno para establecer una agenda política propia, marcando un antes y un después en el reconocimiento institucional.
Desafíos en la comunidad LGTB
A pesar de los avances, persiste la necesidad de combatir la doble discriminación: por género y por orientación sexual. Históricamente, las mujeres han sido menos visibles, incluso dentro de la propia comunidad LGTB, donde los referentes masculinos solían copar los espacios públicos y mediáticos. La falta de referentes ha dificultado que muchas mujeres se autodescubran y se acepten sin prejuicios.
Es por esto que la celebración actual busca insistir en la necesidad de “bollerizar” todos los contextos. Contar con referentes públicos como Maria del Monte, Vanesa Martín o Inma Cuesta ha sido vital para normalizar la realidad lésbica ante las nuevas generaciones. La meta seguirá siendo alcanzar una sociedad más inclusiva para todos.





