La lucha por la inclusión y el respeto a la diversidad no es algo nuevo, pero se ve modificada en la medida en que cambian los escenarios políticos a nivel mundial. En este y en otros contextos, la figura del aliado LGTB adquiere gran relevancia, no como protagonista de la lucha por los derechos de la comunidad, sino como un compañero indispensable para el cambio.
Cuando hablamos de ser aliado LGTB no estamos haciendo referencia solamente a simpatizar desde la propia intimidad. Nos referimos a la decisión de involucrarse de manera activa, levantar la voz, manifestarse y trabajar codo a codo con la comunidad LGTB en la búsqueda de la igualdad, la inclusión y el respeto.
Por eso, y entendiendo la importancia de convertirse en un buen aliado y seguir mejorando con el paso del tiempo a partir de un camino continuo de aprendizaje y acción, queremos dejar a continuación una guía de acciones concretas que se pueden incorporar en el día a día para lograr ser el mejor aliado LGTB para las personas de tu entorno y para la sociedad en general.
Educarse de forma continua
El primer paso para ser un aliado LGTB es entender la historia de opresión de la comunidad y los distintos obstáculos y violencias a las que ha estado expuesta. Para ello, se puede acceder a libros, artículos, documentales, entre otras cosas, pero también es importante escuchar en primera persona experiencias de personas LGTB para comprender la diversidad dentro de la propia comunidad, evitando homogeneizar lo que ocurre o se siente en cada caso. Además, es fundamental estar familiarizado con las diferencias entre los términos de identidad de género, expresión de género, orientación sexual, etcétera, a fin de usarlos correctamente.
Escuchar de forma activa
Algo muy importante para ser un buen aliado LGTB es convertirse en un espacio seguro de escucha para que las personas compartan sus experiencias sin miedo. Para lograrlo, es recomendable validar sus sentimientos, reconocer la vulnerabilidad que implica compartir información personal y recordar que cada persona tiene su propio ritmo y necesidad para compartir lo que siente.
Ser abierto sobre las propias suposiciones
Ciertamente, no estamos hablando de dar a conocer los propios prejuicios y ofensa, sino de abrirse para compartir suposiciones con la determinación de escuchar con el objetivo de derribarlas. De esa forma, y a través de la conversación, se abre la puerta para reflexionar sobre las propias creencias y estereotipos. Por ejemplo, es frecuente suponer que una persona es de un género u otro de acuerdo a su aspecto físico o vestimenta, lo cual debería evitarse.
Amplificar voces LGTB
Hoy en día, las personas cis y heterosexuales siguen teniendo grandes privilegios por encima de la comunidad LGTB. Por eso, una forma de ser aliado es aprovechar el eco de la propia voz para señalar los comentarios o acciones discriminatorias de otras personas, como así también para abrir más espacios para que las personas LGTB compartan sus propias experiencias y perspectivas. Es importante tener claro que no se trata de hablar por ellos, sino con ellos.
Apoyar iniciativas
Otra clave a tener en cuenta es involucrarse activamente en el activismo LGTB de la forma en que sea posible. Esto es asistiendo a eventos, marchas y manifestaciones, ofreciendo el tiempo como voluntarios o realizando donaciones a organizaciones que trabajan por la inclusión y la diversidad.
Respetar la privacidad
Aunque se pueda saber que una persona es homosexual o trans, es muy importante no presionar sus tiempos ni exponer sin su consentimiento. Cada quien tiene sus tiempos para conocer su identidad de género o su orientación sexual y no es inclusión pasar por encima de esas decisiones. Ofrecer apoyo a la comunidad LGTB es respetar sus tiempos y decisiones.
Ser constante
Finalmente, para ser un buen aliado LGTB es fundamental tomar la decisión de ser un aliado de forma constante, no solamente en momentos puntuales. Se debe entender que no son modas pasajeras ni de efemérides o días de visibilidad a lo largo del año. Ser un aliado significa tener y mantener un compromiso continuo a largo plazo basado en el entendimiento de que hay una desigualdad histórica y permanente que se debe combatir para transformar la sociedad en una mucho más tolerante y en que las personas puedan vivir de forma igualitaria y libre.





